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miércoles, 8 de febrero de 2012

Conoce a LabMort Laboratios.

    
         A la Ciencia le da lo mismo si son Yorkshire Terrier, o Foxtierrer de pelo duro para sus ensayos. No necesita perros finos. Laborarios LabMort sabe esto. Ese laboratorio de origen Francés, pero con misteriosa sede Central en Haití, tenía una sucursal de Latinoamérica en Buenos Aires. Ubicado sobre Avenida San Juan, esquina Pichincha. Pleno Barrio de Congreso.

           No fue fácil animarse. Mucho menos sabiendo que con cada decisión, esta implicaba llevar acarriado a mi hijo Naatan. Lo cierto que desde Puerto Madero no era mucho viaje, eso me alentó debo confesarles. El plan era inmiscuirnos por el barrio de San Telmo y llegar sin apuro. A paso de hombre. Fue curioso ver en el camino a los zombis deambulando por las calles empedradas del viejo barrio de SanTelmo. Una zona que albergo en su pasado a la Aristocracia Porteña, ahora estaba repleta de cadáveres al sol, zombis pegados a las vidrieras de antigüedades, y ex hippies con sus artesanías en mano ofreciéndolas al éter.

            Lo curioso es que siempre pensamos que la muerte era el fin de la acción. Pero la plaza Dorrego estaba llena de "vida". Juraría que desde lejos, parecía un domingo de sol cualquiera. Pero de cerca, eran los engendros del demonio. Lo que define su razón de ser, era el afán de devorarnos. Las que eran manos sucias mendigando monedas para gambetear la vida, ahora son cadavéricas falanges en busca de carne humana para esquivar la muerte.

           La fachada del Laboratorio era imponente Un piso de 20 Pisos. Desde afuera todo vidriado, polarizado y con estructuras modernas de metal. Estaba diseñado para ver desde adentro. Las puertas vidriadas estaban desquebrajadas de los furiosos golpes, de la bronca de los porteños, supongo. Evidenciaban mucha furia esas paredes internas. Papeles en el piso, teléfonos descolgados, arañazos en la pared, cuerpos marrones, negro brilloso con mechones de cabellos rubios a trasluz en impecables batas blancas. No eran anónimos como los zombis de San Telmo, no. Todos tenían una inútil tarjeta identificadora. Era llamativo que no hubiera zombis a la vista. ¿Quizá esos condenados sabían que aquí se alojaba el origen de la maldad? No me percate que mi mano apretujaba su manita al punto de hacerle sonar los huesitos.

 -- Me lastimas, papa!! Auchhh.---

-- Perdóname hijo, lo siento ---

           Una puerta de metal cromada, muy parecida a una puerta de Bóveda de Banco estaba frente a mí. Un cartel rezaba : Zone de restriction. Made in Haiti decía. Me dio risa, en Haití no se fabrica nada para los haitianos. Siempre son para los otros. Triste destino vivió Haití, que luego nos hizo beber a todos de ese horrible ajenjo. El mundo que siempre fue egoísta, estaba ahora hermanado por la calamidad Z.

            Para mi suerte esa Bóveda estaba abierta. Menos mal, porque no había modo, ni recursos para abrirla. Un hedor de golpe invadía mis fosas nasales. Naatan no resistió y tuvo arcadas. Le pedí que me esperara afuera.

 -- No tardare, lo juro ---- Le dije.

-- Si, Papa--

-- No te muevas de acá-- Ordené

         Naatan asintió con la cabeza. Estaba oscuro. Para nada silencioso. No pude identificar el sonido. Pero me resultaba familiar. Decidí caminar unos pocos pasos más. Con cada paso me alejaba de Naatan. Me preguntaba constantemente si valía la pena lo que hacía.

 -- Algo me está rozando!!-- Grite desaforado

         Mi mano tanteo en la oscuridad la pared, e instintivamente apretó algún botón. Fue como ver el amanecer recién despierto. Una luz blanca me cegó por un instante. A medida que pude ver percate que eran las luces fluorescentes que se encendían. Finalmente, pude ver donde estaba. Me rodeaban ciento de camillas, en ellas estaban atados de todo un poco: cadáveres que eran piel pegada al hueso, zombis mutilados en permanente quejido. Pero nada se comparó con lo que pude observar en el fondo de esa sala lúgubre.

         Un pequeño cuarto de monitores. Estaban funcionando!. Eran los ojos de LabMort que no se cerraron nunca, ni siquiera después del fin. Observe un hombre que estaba sentado, el "voyeur" de esas pantallas. El hombre se fijó en mí. Se percato que lo observaba, no disimulo una mueca de resignación. Era claro que no pretendía ser descubierto. Giro su cabeza como si fuera una especie de saludo, y me empezó a hablar sin más preámbulos


-- Vous êtes brave ami du mien, je l'avoue-- Dijo

Mi rostro me habrá delatado, ya que el hombre arqueó sus cejas


--Maintenant, sortez d'ici, cet enfant que vous avez apporté avec vous est ce que les membres des gangs ont été -- Exclamó


Al seguir en silencio, esto lo enfadaba aún más.


-- Courir pour votre homme enfant stupide !!! --- Grito


          Su dedo índice señaló frenéticamente los monitores. Entendí que el hombre desde allí pudo ver como ingrese a LabMort. ¿Le habra molestado que haya violado la Propiedad Privada? Un término que anticuado en esta Buenos Aires Post Zombi. La único "privado" era mi vida y la.....

         Súbitamente, un arrebato me vino. El Planeta, esa pelota de trapo que giraba se frenaba en mí mente. Un nombre me vino a mí: Naatan exclame. Naatan!!! Mi Naatan!!!!

          Estuve a punto de irme de allí hasta que el misterioso hombre me tomo de la muñeca. Su fuerza descomunal, digna de una bestia enfurecida, me detuvo. Intente inútilmente sacar sus garras de mí, pero de su bolsillo saco una jeringa que clavo directamente en mi cuello. Intenté sacármelo una vez más. Finalmente cedieron sus manos. Empecé a sentir un ardor en el cuerpo. Un fuego ardía dentro de mí. Mis manos empezaron a sentir un hormigueo intenso, que lentamente se expandió a mis brazos, seguido por mis hombros. Mis débiles piernas no aguantaron más, cedieron cayendo vencido a una silla.

       Naatan, mi Naatan. Decía ¿Como pude ser tan estúpido? He fracasado. Perdóname Naatan. Perdóname. Mis pestañas pesaban tanto. Mi corazón desaceleraba. Mi respiración enlentecía. El hombre de los monitores me miro con cierta ternura. El mismo rostro que tendría un Nazi en una cámara de Gas. Alzó mi cabeza con su mano. Me miro fijo a mis pupilas antes que me desvanezca.


--- Vous êtes chanceux, vous êtes ici. Reste maintenant pour parler plus tard.--


         Por la droga o el idioma seguí sin entender. No importaba. Había fracasado. Mi Naatan, mi niñito de 6 años estaba en las calles en medio de feroces zombis, o sobrevivientes sin escrúpulos. Intente no pensar lo que inefectivamente pensaba. Estaba en manos de dios. O del hombre de los monitores. Entre parpadeos forzosos para no ceder a la inyección que me había dado pude divisar la puerta que abría ese hombre, un cuarto repleto de cuerpos. Un zombi con una sonda en la nariz, y un suero en el brazo. ¿Ese era mi destino? Al lado del zombi un hombre abarrotado, tenía una cresta de cabello peinado en punta hacia arriba, en los costados de la cabeza estaba afeitado, lucía una campera de cuero negra con tachas metálicas, pintada con aerosol. En la nariz tenía un percing con cadena a la oreja.

-- Suéltame Maldito!!--- Sueltame - !! Gritaba en vano.

-- Ya verás que mis hermanos vendrán por mí y te echaran como alimento a los podridos --!!

           El misterioso hombre de los monitores no contuvo la risa, acarició los cabellos resecos del zombi de la camilla. Hasta juraría que le expresaba cierta ternura. De pronto posó la mirada a lo lejos en mí.

            Lo mire fijo a los ojos. Sostuve con todas mis fuerzas la vista. "Mírame, maldito"- Me dije. "Mírame maldito verdugo, gestor del Mal Si pudiera escapar te mataria por haber perdido a lo que mas amo en mi vida"

Puso su mano en mi frente. Sin pestañear me dijo algo entendí:

-- Descansa --

En ese momento caí desplomado a la silla como un títere que le cortaron los hilos.



Continuara......

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